Wednesday, January 16, 2008

Tomar leche cortada

Los medios de comunicación, especialmente la televisión, siempre me hacen pensar de modo pesimista. Quiero especular que me dicen la verdad y que la televisión es una maravillosa ventana al mundo, pero luego, pienso en mi vida, y la vida de los que me rodean y me cuestiono sobre lo que haríamos sin dinero.

Si la vida de la mayor parte de la gente que conozco gira alrededor de lo que pueden hacer con lo que tienen, y si no tienen hacen todo lo posible por tener, no puedo creer que para los medios sea diferente.

Todos queremos vivir, y para vivir debemos vender. Algunos venden el producto de sus manos, otros el producto de sus lenguas, su imaginación, su conocimiento o su inversión; ellos, en cambio, venden otro tipo de producto, nos venden a nosotros mismos.

Cuando voy caminando por la calle, los imagino a todos como un gran collage. Al igual que nuestro físico, nuestra integridad esta hecha de pedacitos de otros. Que la nariz de mamá, que los ojos de papá, las pecas de la abuela… Nosotros somos una obra única, producto del todo, pero también somos creadores de ese todo, porque trabajamos para que existan las condiciones que hacen posible una sociedad.

Los medios tratan de representar el todo, pero la información que emiten lo han recibido de nuestras propias manos, y es como si nos devolviesen la imagen de nuestras propias acciones después de pasarla por un barrial (lo que en ese caso serían sus propios intereses económicos, su percepción y sus opiniones personales).

Dejando el pesimismo a un lado por un momento, quiero pensar que sería si esa información fuera en realidad totalmente cierta. Osea, que el trozo de realidad que tratan de reproducir salga clonada, después de pasar por las manos del intérprete, a través de nuestro televisor. Ese pequeño espacio entre el televisor y nuestro sillón se vuelve un abismo. Primero, el mensaje choca contra nuestra concepción de cómo es el mundo, luego contra nuestros prejuicios sociales, y por último contra nuestra cultura. Entonces el mensaje o producto final que traspasa nuestros poros termina siendo una interpretación personal de la información que expulsó el aparato.

No logré escaparme del pesimismo. Pero sí puedo ahondar más en él. Imaginemos ahora la fusión de mis dos postulados. Trozos de realidad fotocopiados a baja calidad y vendidos a sus mismos creadores, luego vistos por unos ojos subjetivos capaces únicamente de asimilar esa realidad conforme se adapte a su propia situación.

El resultado final: una leche cortada. Pero, ¿qué sucede cuando me doy cuenta que, a pesar de saber que estoy consumiendo leche cortada, igual no quiero dejar de beberla? Mis sentidos se atraen a ella, me seduce, sé que no es saludable, pero prefiero la leche cortada a morirme de sed. Que dilema. He llegado a un callejón sin salida.

La solución que más comúnmente nos darán a nosotros los intoxicados, es que sepamos discernir entre la leche más cortada y la menos cortada, tomar mucha agua después de consumirla y hacer ejercicio. ¿Como interpreto eso? Ver televisión de forma crítica, comparar y analizar desde diferentes fuentes, tener un trasfondo cultural trabajado a conciencia y construir opiniones alejadas del sentimiento.

Simplemente estar atentos y no olvidar que la leche un día era fresca y pensar en eso mientras la tomamos, sin conformarnos ni acostumbrarnos al sabor amargo.