Sunday, November 16, 2008

¿Deber vrs. Querer?

Hace unos años cuando le puse título a este blog, para mí tenía todo sentido que la razón y el corazón estuvieran siempre en constante choque. La pelea entre el deber y el querer de las cosas. Siempre estaba frustrada por querer hacer cosas que yo sabía que no debía hacer.

Pequeños comportamientos que para mí formaban parte de la vida "normal" eran causa de remordimientos y preocupaciones. Durante casi todos los años de mi adolescencia vivi con un dolor muy grande por la incoherencia que encontraba en mi vida, tantas cosas que yo creía que eran correctas pero que resultaban casi imposibles para mí practicarlas auténticamente.

Por ejemplo... listas y listas de "pecados" que al cometerlos me impedían poder participar de la comunión en la iglesia. Antes de poder acercarme al cuerpo de Jesús debía pasar por encerrarme en un confesionario y contarle a un sacerdote (preferiblemente sordo y apurado) todo lo que había hecho para que Dios me perdonara.
Aquí es importante que se entienda mi intención. Para mí es increíble la gracia y lo cercano que se demuestra Dios en una confesión, y la alegría sobrenatural que siento al terminar la confesión es algo que nunca quiero dejar de experimentar. Mi idea aquí es aclarar que aunque Dios se demostraba a mí aún en esas condiciones, ahora de alguna forma mis ojos han enfocado en un plano más abierto y estoy entendiendo al fin que todo ese protocolo tiene más sentido de lo que jamás imaginé en esa época.

No se si alguien tiene la culpa o si no hay nadie que culpar por que yo haya entendido las cosas al revés: que para llegar a Jesús debía pasar por esos tormentos antes o si no estaba condenada.

Amo la comunión, para mí es el punto más alto de mi enamoramiento con Jesús, donde me acerco a entender su amor por mi, que entregó su vida por salvarme. Que pasó por tanto sufrimiento por amor y ahora está en mí y se demuestra hasta físicamente para que yo lo ame... es increíble... siempre lo he amado, porque en esos momentos Dios se ha colado entre mis enredos para mostrarse simple y pleno ante mí. Era un agobio para mí tener que sofocarme y odiar tener que confesarme para poder participar de la comunión.

Claro que le encontraba sentido, pues aunque sentía total arrepentimiento por mis equivocaciones, es increíble el poder que tiene hablar de esas cosas con alguien que no me está juzgando, sino que quiere compartir el perdón de Dios y recordármelo durante mi confesión. Nunca comprendí el amor de un sacerdote, siempre los vi como prohibidores, como condenadores... me costaba ver a Jesús en ellos. Para mí la confesión era un requisito para comulgar, como pagar un precio por el premio.

Que tan equivocada... Ahora ansío confesión, no me puedo acercar a comprender la misericordia de este Dios, que me ama y me perdona aún antes de cometer esos pecados... Deseo decirle una y otra vez ante cualquier testigo que quiero vivir en Él de la forma más pura y correr de cualquier ocasión de pecado. Que tan diferente es sentir el arrepentimiento a exclamarlo! A escuchar de oídos de otro que Dios me ama así como soy y que mi confesión es lo menos que puedo darle en palabras, y que lo que espera realmente es mi vida completa, no solo 15 minutos sentada en un confesionario.

Cómo me hubiera gustado entender que ese protocolo es lo de menos... que esos momentos de sentimiento sobrenatural era lo que yo venía a buscar en cada sacramento.. Que Dios no me pone condiciones, si no que me regala la posibilidad de acercarme libremente a Él y que me recibirá, quebrantada, en sus brazos.

Haber eliminado lo que durante tantos años me impidió vivir a Dios incondicionalmente... sin sentir la incoherencia del protocolo con el sentimiento sobrenatural que me provocaba, no tiene precio.

Dios, en medio de esa confusión, igual se demostraba ante mí, y aunque confundida, me mantenía ahí, con la esperanza que poder sentirlo de forma constante y libre en mi corazón. Dediqué tantas horas pensando y discutiendo sobre los frenos que me ponía la institución de la iglesia para llegar al Dios verdadero, llegué miles de veces a la conclusión que el protocolo no servía para nada más que para ordenar y administrar tanta gente. Ahora estoy conociendo al Dios vivo, y amo la institución porque Dios está en ella también, y entra en nuestro corazón si llegamos a la institución buscándolo únicamente a ÉL y nada más.

Ahora entiendo que de nada sirve juzgar, ni criticar, ni "humanizar"... Lo único que importa es tener a un Dios vivo en mi corazón, conocerlo, amarlo, buscarlo, adorarlo, dejarlo entrar y despedazar, renovar y limpiar mi interior; y todo lo demás VIENE. JESÚS es el centro y nada ni nadie más, y Él se dedicará a entrar en nuestra vida de forma personalizada. No somos patrones, cada uno tiene una esencia diferente, pero sí hay un solo Dios real y eso es lo único que importa.

Así que la razón y el corazón están de acuerdo, y el deber se vuelve querer cuando Dios está vivo en mi corazón y es el centro de todo mi existir. Poco a poco van derrumbándose esas contradicciones... caen fuertemente, y el choque a veces duele. Pero es el dolor de arrancar partes de mí que no me dejaban caminar recta, que me mantenía arrastrándome... Después del dolor viene la sanación y una vida real sin contradicciones.

Y ahora lo puedo decir con seguridad: Dios me buscó, aún dentro de esa confusión, para decirme que Él era más grande que las paredes y los frenos, y que Él quería mi vida.

Buscó una adolescente frustrada por sus propios pecados y le pidió su vida.

Aún lo recuerdo, y aún me lo recuerda.

Saturday, October 4, 2008

Deseo

No es que no quiero, porque si quiero.
Es que no debo, porque no quiero.
Quiero saber si soy solo yo o si somos todos.

El deseo se envuelve en mi, y yo me pierdo entre el deseo.
Tan fuerte es el deseo que envuelto en mi se vuelve yo,
¿Quién soy yo y qué deseo?

Deseo que el deseo no se desenvuelva.
Que practique su rutina, pero ajeno a mi.
¿Como lo enajeno si se ha vuelto yo?
Si practica su rutina, la practico yo también.

Encontrarme dentro de lo envuelto.
Recordar quién era yo fuera del deseo.
Desear lo que recuerdo, no lo que deseo.

Envuelta en el deseo, deseo es lo que quiero.
Desenvuelta la rutina, recuerdo quién soy yo.
El deseo se convierte, otra vez ajeno a mi.

Saturday, September 13, 2008

Re: interrogantes sin fin

Hace como dos años escribí algo que se llamaba "interrogantes sin fin". Recuerdo que cuando terminé sentí la satisfacción de haber escrito exactamente lo que estaba sintiendo y lo que pensaba. Ahora, un tiempo después, tengo ganas de recapitular y volver a escribir sobre esas cosas.

No es difícil saber lo que debemos hacer, ni tampoco es tan difícil ponerlo en practica. Solo basta tener un poquito de iniciativa y fuerza de voluntad. Por supuesto también hay que tener la fuerza para mirar las cosas a la cara y aceptar que las tareas que tenemos en frente son nuestras y no de nadie mas.

Necesitamos silencio y momentos de reflexión para escuchar lo que dice nuestro corazón... pero no solo para escucharnos a nosotros mismos, si no también para poder escuchar y entender lo que Dios nos quiere decir. No hace falta meternos a un hueco bajo tierra para poder tener silencio, pero nunca vamos a tener silencio por mas que estemos en medio desierto a menos que tengamos paz.

El contacto constante con lo material si nos llena de ruido y nos quita la paz. El mundo lleno de egoísmo nos quita la paz. Estar rodeados de personas con poca paz también nos quita la paz. El ruido no está en una discoteca, está en el contacto sensual con una persona, donde no hace falta ni siquiera decir una palabra. Podemos estar en medio de un estadio lleno de gente y tener paz... y hasta ahí mismo podemos escuchar la voz de nuestra conciencia como se escucha una campana.

Mis oídos y mi corazón no se entrenan de un día a otro. Ellos son puros y limpios, y por el contacto constante con lo material y los placeres inmediatos es que han perdido sensibilidad, pero es totalmente posible seguir en contacto con lo material y también escuchar mis propios pensamientos, mi conciencia, y a Dios. Solo basta dedicarme a buscar esa voz que me habla y limpiarme para poder poco a poco alejarme de todo aquello que me ensucia.

Porque algo que nos sucede es que de tanto estar inmersos en ese colocho llegamos a no poder distinguir bien que nos conviene y que no. Una vez que la paz se va re absorbiendo en nuestro ser podemos ver con más claridad y sentimos más luz y más viento que aclara.

Si es posible ser lo que quiero y ser lo que Dios quiere al mismo tiempo. Pero no siendo dos personas diferentes, sino convirtiendo una en la otra. Si ser lo que quiero es ser lo que Dios quiere... ahí está!

Pero... lo que quiero ser es lo que Dios quiere? ¿Es yo en el presente y yo en potencia? Mmm... no... Yo soy yo... punto. Luego... sí creo que tenemos dos tendencias: el "quiero" animal y el "quiero" espiritual, pero por ser humanos el ser animal y espiritual es un todo, y son armoniosos porque tienen el mismo fin: adorar a Dios.

Si creo en Dios, creo que Él me creó. Si creo que Él me creó entonces Él es más grande que yo. Creo que Él tiene el poder sobre la vida y la muerte y que existo por Él. Existo solo porque Él quiere que yo exista, y de tal forma mi vida está en sus manos.

Entonces... volviendo a los "quieros"... ¿Después de esto, qué sentido tiene mi "quiero" egoísta? Ninguno... el único "quiero" real es mi "quiero" natural, el que entiende la grandeza de Dios sobre todas las cosas.

Una vida sin paz me lleva a aferrarme al "quiero" egoísta. El ser egoísta no comprende la totalidad de lo que es el amor. No conoce la grandeza del perdón y el perdonar y de la incondicionalidad.

Quién soy yo ya lo conoce Dios, no le podemos ocultar nada. A los demás podemos mostrarles una fotografía auténtica, sin rayones ni decoloración. Una fotografía no puede mostrar del todo qué es una persona o quién es, pero puede ser fiel a lo que trata de retratar. Si soy voluble, influenciable, sumisa o débil no tengo por qué no querer que eso también salga en mi fotografía. No puedo agradar a todo el mundo, pero sí puedo ser yo misma, y una vez que empiezo a practicarlo, pierdo el miedo a ser yo, se vuelve algo normal, y puedo ser auténtica, ágil o virtuosa sin fingir.

Puedo ir al cielo, puedo disfrutar mi vida, puedo no hacer el mal, puedo ser normal, puedo tener una buena situación social, puedo vivir en paz... ¡Y también puedo... no engañar a nadie, puedo comprender la vida como un sinfín de pruebas existentes para comprobar que merecemos al vida eterna!

Puedo VIVIR a Dios. Vivir mi vida para Dios. La razón no existe para debatir que si Dios existe o no, existe para perfeccionar nuestro conocimiento de Él. Si lo vemos desde esa perspectiva, dejar de razonar no tendría sentido.

Dios es la verdad, y todas las otras inquietudes o decisiones grandes o pequeñas que atormentan nuestra vida, contienen verdad si nos guían a Él y únicamente a Él. Si creo esto, debo vivirlo. Vivirlo significa confiar y entregarme a Él y a su voluntad. Quiero saber lo que pide de mi, y quiero que me de su paz para poder escucharlo.

Dios es Dios. La verdad existe. Debo amar.

Sunday, August 17, 2008

Creo que no soy postre

Hoy me senté a leer un libro que hace años había visto pero nunca había abierto. Mi mamá una vez me lo recomendó pero nunca le hice mucho caso. No empecé a leer desde el principio, solo a ojear aquí y allá para ver si algo me llamaba la atención.

Esto fue lo que encontré:

"...Jesucristo, nuestro Salvador, Dios y hombre verdadero, debe ser el fin último de todas nuestras devociones: de otra forma, serían falsas y engañosas. Jesucristo es el Alfa y Omega, el principio y el fin de todas las cosas. No trabajamos, como dice el Apóstol, sino para hacer a los hombres perfectos en Jesucristo, pues en Él reside toda la plenitud de gracia, virtudes y perfecciones; solamente en Él podemos recibir toda clase de bendiciones espirituales; Él solo es el Maestro, que debe instruirnos, el único Señor del que debemos depender, la única cabeza a que hemos de estar unidos, el único Modelo que debemos imitar, nuestro único Médico que ha de curarnos, el único Pastor que ha de alimentarnos, la única Vía que hemos de utilizar en la perfección, la única Verdad que hemos de creer, la única Vida que debe vivificarnos y, en todas las cosas, nuestro único Todo, el único que debe bastarnos. No se ha dado otro nombre bajo la capa del cielo, fuera del de Jesús, en cuya virtud podamos salvarnos.
Dios no nos ha señalado como fundamento de nuestra salvación, perfección y gloria, sino a Jesucristo, y todo edificio que no se eleve basándose en esta dura e inconmovible piedra estará cimentando sobre arena movible y tarde o temprano se derrumbará irremediablemente. Todo fiel cristiano que no esté unido a él, como el sarmiento de su cepa, se secará y no servirá más que para la lumbre.
Fuera de Cristo, todo es error, mentira, iniquidad, inutilidad, muerte y condenación. Pero si nosotros estamos con Jesucristo y Jesucristo está con nosotros, no debemos temer ser condenados; no podrán dañarnos, en ese caso, ni los ángeles del cielo, ni los hombres de la tierra, ni los demonios del infierno, ni otra criatura cualquiera, porque nada ni nadie podrá separarnos de la caridad de Dios que reside en Jesucristo. Por medio de Jesucristo, con Jesucristo, lo podemos todo: podemos dar al Padre en unidad con el Espíritu Santo todo el honor y gloria que son posibles, podemos llegar a ser perfectos y ser para el prójimo buen olor de vida eterna..."

Cerré el libro y lo puse sobre mi mesa de noche. No pude evitar sonreír... Más tarde continuaré leyendo este libro que se titula "Tratado de la verdadera devoción a la Santísima Virgen".

Creo que tengo muchas cosas que aprender... Le entregué mi vida a Dios y Él la puso en una olla... Pensé que iba a hacer de mí un postre... Puede ser que de mí quiera hacer un plato fuerte... El chef manda.

Thursday, July 24, 2008

Llevatelo!!!

Llevatelo!!! Llevatelo!!! Llevatelo!!!

Tuesday, July 22, 2008

Mi declaración

Eres mi amor, el amor de mi vida. Me enamoré de ti, quiero estar contigo siempre, contarte todo, dormir contigo a mi lado. Me guias en todo lo que tengo que hacer, sin obligarme, solo dándome apoyo.

No me importa contarles a todos que te amo, no me importa andarte de la mano en todo lado. Me conoces, y eres tan profundo que aunque me dejas conocerte se que me falta tanto por conocer.

Has estado ahí, desde que nací. Me abrazaste cuando primero caminé. Me tocaste en el hombro cuando primero te ignoré, me abrazaste cuando lloré. Sufriste cuando te negué. Reíste cuando te recibí y sonreíste cuando te busqué.

Me suspirabas al oído cuando dormía, me contemplabas cuando reía. Tuviste los brazos abiertos para recibirme cuando andaba divagando...

Ahora yo estoy aquí. Levanto la cabeza y abro los ojos, enderezco la espalda. Estoy aquí y no me moveré. He seguido el camino que construiste para mi, con sus curvas y desvíos pero estoy aquí.

Esta postura no la aguanto por un momento tan largo... mis ojos se cierran al contemplar tanta belleza, mis rodillas no aguantan y se doblan ante tu grandeza, mis hombros caen en sumisión ante ti. Tengo hambre, hambre de ti... quiero tenerte tan cerca... siempre... siento que mi corazón esta siendo arrancado de mi pecho, que te lo quieres llevar... llevatelo!!! No necesito de mi, solo de ti.

Tanto no cabe en mi cuerpo, necesito compartirlo... Este amor no puede quedar entre nosotros!!!

Quiero abrazarte todo el día!!!

Wednesday, July 9, 2008

El simple mar

Escrito por Michelle Marenco

Todo inicia mar adentro!!!
Se que con toda mi alma, en mi corazón solo cabe ese amor que Dios sembró en mi, desde el día en que le conocí... Antes mi mundo no tenia un rumbo definido, solo superficies sin nada que tocar de verdad, ahora mi mundo esta lleno de diferentes colores, de una magia que entro sin darme cuenta, Pues esos anhelos, se llevan desde que existe esa mirada infinita y misteriosa... y lo mas curioso de todo, es que aunque lleve miedo, tengo una calma porque vi el hondo de un mar azul y transparente.
Aunque a veces en ese mar sople el viento y vengan esas mareas que atontan y te llenan de ruido, aunque se perciba la neblina y la lluvia, aunque hayan dudas, en ese fondo mar, se ve una claridad y una cercanía hacia la verdad nunca antes vista, y lleva hacia un rumbo para navegar..

No se a donde estaré navegando de aquí a unos años, pero de algo estoy segura y es que existe un Mar claro, en donde la belleza abunda, la naturaleza florece y se percibe lo extraordinario de un viaje de una simple naufraga....

Monday, June 23, 2008

Carta a Dios

Hola Dios,

Creo que ha llegado la hora de hablarte claro. Quiero contarte en realidad qué creo de ti y ocupo pedirte algunos favores.

Mirá, a veces siento que no existes. Recuerdo algunas veces que sí estuve segura, pero después al rato te dejo de hablar y como que te olvido en mi presente y te considero alguien que estuvo presente en el pasado nada más.

Me concentro en ser pura vida y mantenerme al día con el mundo... acepto que a veces lo hago hasta en nombre tuyo, sin si quiera pensar en ti.

Yo se que me buscas por todo lado, que voy a tu choza y todo... hasta voy a fiestas donde estás y ni te hablo, apenas te saludo. Eres un compa de esos que perdonan todo y yo, aun así, de necia sigo pensando que no te necesito.

Otras veces llego y no mas te digo "¿Qué, pura vida, Dios?" y no te cuento nada porque me da pega. Me llamas al cel, a la casa, hasta en la casa de mis amigos... me invitas a comer y te digo que no tengo hambre.

A veces la gente habla de vos, Dios. Y yo me quedo callada... A veces hay un silencio que se que puedo llenar de vos, pero me da tigra... Te lo juro, soy una tonta por aparentar que no te conozco.

Cuando me pasa algo feo, frecuentemente me dan ganas de llamarte. Me siento mal por ser una de esas amigas que solo llaman cuando tienen un problema. Es tanto pero tanto el colmo que a veces voy tarde para la U y te pido que hagas que el bus vaya más rápido... y cuando estoy super bien a veces te olvido por completo.

Quiero cambiar todo esto, Dios, quiero que seas mi mejor amigo... yo se que estás ahí en las buenas y en las malas y que me ofreces todo lo que necesito.

Ayúdame a hablar de ti siempre en el buen sentido... no quiero burlarme más de ti.

Vieras como me ha costado darme cuenta de todo esto... por lo general solo pienso en mis varas y en las cosas que quiero lograr, y yo de engañada hago que las voy a alcanzar sin vos.

Quiero ser yo misma en todo lado, no solo con mis compas, si no con toda mi familia, con la gente que me cae mal... Saber que tu me hiciste y eso es lo que quieres que el mundo vea... yo como tu quieres y no como yo quiero.

Cuando te ignoro por mucho rato, me cuesta mucho saber qué es lo que quiero realmente, la gente me ofrece opciones, ¡Y yo tan fácilmente acepto! Pero si la gente me propone varas tuyas pongo peros y peros y peros. Estoy trabajando en eso, pero porfa, me tenés que ayudar.

Ocupo ayuda en otra vara también... El amor es algo muy difícil de entender cuando no hablamos en mucho rato. Tiendo a pensar en mí, en lo que siento cuando no estás. Me siento tan sola, y te evito... cierro los ojos y veo suciedad... me dejo llevar... ¡El placer de la carne es tan seductora cuando no estás cerca de mí! ¡Llena mi mente! ¡Te lo pido! No dejes espacios vacíos en los que llegaría a llenar de pecado.

Quiero que tanto mi cuerpo como mi alma sean para ti, que sean instrumentos, no más que para . Que lo que yo haga con mi cuerpo cumpla con tu deseo, no con el mío. Ayúdame en esos momentos difíciles, no dejes que te de la espalda. Lo he hecho, Dios. Me duele decírtelo... Perdóname.

Gracias por los regalos que me das, gracias por las virtudes de los que me rodean. Que siempre sean ejemplos para mi. Me das tantas cosas, cosas que podría compartir y no lo hago... quiero que mis virtudes y talentos sean solo para devolvértelos por medio de mis acciones.

Hay mucha gente que te necesita como yo. Me has enseñado que por ellas te conozco más. Déjame buscarlos, y no rechazarlos como lo hago muy a menudo. Ponlos en mi camino y que me llamen, para yo responderles y enfrentarme a ti.

Estoy muy lejos de ser perfecta... Soy peor que todos... y aún así hablo de ellos como si fueran peores que yo. Critico a la gente, me burlo... Me dejo llevar por el chisme solo por sentir el placer de recibir la atención de las personas al hacerlo. Si te respeto a ti, se que los respeto a ellos; no quiero caer constantemente en curiosear por asuntos que realmente no son míos.

Sabes la verdad. También me diste la formación para poder discernir entre la verdad y la mentira. ¡Qué fácil es salirse de un aprieto negando la verdad! Al final la verdad se sabe, especialmente si es contigo, Dios. Ilumíname en tantos momentos donde la tentación me domina y las mentiras se arrastran por mi lengua deseosas de salir. Que calle, Dios. Prefiero callar a negar una simple verdad que tu y yo conocemos.

Ayúdame a entender que no soy nada. Solo carne... Tu me creaste y me amo por eso, no quiero amarme por lo que he logrado en mi. Soy alma también, creada para servirte... que mis deseos humanos no se aparten de tu intención.

Quiero que mi existencia se oriente hacia una sola meta. Tengo planes, yo se que planes egoístas, vanidosos. Busco poder. Despójame de este deseo de poder tan fuerte en mí. Me ciega a veces, Dios, no me deja verte. Quiero dominar todo, hasta mi vida, empezando por mis posesiones, a veces hasta mis sentimientos y emociones... Dame humildad.

Disciplina me falta. Me has dado dones y es mi deber explotarlos. Me has dado un cuerpo y a veces no lo cuido, como mucho, duermo mucho... como poco, duermo poco.

Deseo amarte en todo sentido... Ayúdame, quédate conmigo.

Que todo empiece en mi hogar. Enséñame a amar y cuidar a mis padres como lo hiciste tú. Que seas siempre mi ejemplo. Tengo rencores... Enséñame a perdonar.

Quiero entender a tu iglesia. Opino que normas, ritos, repeticiones, oraciones largas e intendendibles no me acercan a ti. No entiendo. Dudo constantemente. La institución me parece muy lejana y me distrae. La critico. Se que es humana, pero no se por qué quieres las cosas así.

Ayúdame a entenderlo. Levántame cuando caigo. Que no me cueste decir que confío en . Dame la mano. Quiero amarte por ser el grande y adorarte por haber sido humano, como yo, para salvarme.

Guíame para encontrarte en cada rincón de mi ser y que cada acción o pensamiento que realice sea para ti.

Dame humildad, paz y fortaleza.

Te abriré la puerta, te contestaré cuando llames, no me abandones. Quédate conmigo.

No quiero verte lejos. Quédate cerca. Confiaré. Perdóname.

Perdóname Dios.

Friday, June 13, 2008

Ahora

Recuerdo una vez hace muchos años, estaba acostada en mi cama. Mi cuarto era chiquito, me encantaba. Tenia el mueble de la ropa abajo, y como si fuera camarote, mi cama estaba encima del mueble. Tenia un espejo en la pared, que reflejaba mi escritorio lleno de papeles. Al lado del espejo tenia un librero, con muchos libros. Al otro lado estaba la ventana que daba al patio de la casa, estaba atardeciendo y habia mucho viento. Encima del espejo tenia pegado un mapamundi.

Nunca lo habia pensado de esta forma, pero ese cuarto reflejaba en muchos sentidos lo que yo era, y lo que soy ahora. No quiero explicar, cada uno puede interpretar.

Yo estaba acostada en mi cama, pensando. Tenía la puerta cerrada, asegurada con un pequeño ganchito, que facilmente se podía safar si la puerta se forzaba lo suficiente. Encima de la cama, guindado del techo tenía un avión de madera y al lado, en la pared, tenía pegados varios dibujos que había hecho.

Estaba pensando en el tiempo. No se, es un tema difícil de describir, especialmente cuando me pongo a escribir cinco años despues. Estaba pensando en que ese momento era mi ahora. Tan ahora como ahora es mi ahora.

Estoy a punto de cerrar esto y no intentarlo, pero igual me come la competividad que tengo adentro, y quiero ver si logro explicarme.

Veía el mapa pegado a la pared. Pensaba en que yo, en ese momento que era ahora, yo estaba acostada en mi cama pensando en que yo estaba ahi y quien sabe en que "ahora" futuro iba a recordarme de ese "ahora" y decir -mirá vos, ahora el ahora es otro, a pesar de que este ahora es tan real.

Ahora estoy en otro ahora, y pienso en ese ahora que ya no es ahora.

Ese ahora solo existió para mi, en ese momento, en ese lugar. Nunca volverá a existir, pero sigue siendo un ahora mientras lo recuerdo.

Puedo estar aquí, viendo la pantalla, escribiendo y puedo estar ahí también. Puedo ver la luz amarillenta que iluminaba mi cuarto, puedo sentir la cobija café que tenía sobre mi cama, puedo hasta sentirme igual a como me sentía en ese momento, viendo el mapa, deseando estar en otro ahora.

Ahora estoy en otro ahora, el ahora que imaginé. Es como si hubiera una conexión entre los dos ahoras, ahí imaginaba ahora y ahora imagino ese ahora. Sigo siendo la misma, vuelvo y no me veo, si no que veo como si estuviera yo ahi de nuevo.

Recuerdo sentirme confundida, como lo estoy ahora, pensando en el tiempo.

A lo mejor nadie entienda lo que he escrito, pero yo si; porque yo estuve ahi, y estoy aquí.

Wednesday, June 4, 2008

¡Me gusta!

Me fascina la calle despues de que llueve. Amo ver una fila de semáforos en verde. Me deja sin aliento un hombre con un niño dormido en brazos... Escuchar una conversacion entre dos mujeres en el bus, el sabor de los tic-tac de naranja, despertarme a las cinco de la mañana, una playa sin huellas, andar descalza y con enagua larga...

La sensacion que me provoca tocar una espalda firme. Sentir la conciencia limpia, ver un cielo azul.

Escuchar un tango, un suspiro o una risa.

Una sonrisa blanca.

Piel bronceada, la pintura de un bosque, un libro grueso.

Arrugas alrededor de los ojos, zapatos rojos, una máquina de escribir, un girasol...

La pieza que falta del rompecabezas, un lindo caminar.

Amo tantas cosas que me hacen feliz el día... Hasta el tan tan de una gotera...

Hasta el tap tap del teclado.

Tuesday, May 20, 2008

Globo rojo

Llega cara de payaso número uno (de la nada), encuentra un encendedor rojo en el caño, lo rejunta y se sienta.


Cara de payaso número uno estaba sentado viendo un globo rojo revolotear al otro lado de la calle. Entre las manos tenía un pequeño encendedor rojo, que prendía y apagaba rítmicamente. Aguevado, pensaba en las razones de por qué las fiestas siempre terminaban antes de tiempo.
-No entiendo por qué todo acaba tan rápido... justo cuando empiezo a disfrutar. -Balbuceaba cara de payaso.
Se miraba los pies y luego volvía la mirada al globo. Movía la cabeza una y otra vez, negando y relegando.
-A veces no entiendo los chistes... ni si quiera los míos... -comentaba para sí mientras observaba curioso un grupo de nenas al otro lado de la calle. Ellas reprimían fuertes carcajadas mientras compartían guiños coquetos y le lanzaban a él pequeñas sonrisas.
Bajó la cabeza y miró de nuevo al encendedor, él seguía jugando rítmicamente. Levantó la mirada y volvió a ver el globo.
-¡Que payaso que soy! ¡Puta mierda! -Gritó enojado cara de payaso.
Bajó la cabeza y empezó a sollozar. Las nenas, asustadas por el extraño comportamiento de cara de payaso número uno, se alejaron disimuladamente. Cara de payaso quedó solo, con los pies en el caño.
Entre lágrimas, y con los labios temblorosos, volvió a ver el globo rojo. Asombrado, se percató de que al otro lado de la calle había llegado a sentarse cara de payaso numero dos.

Cara de payaso numero dos estaba sentado con la cabeza baja. Todavía no había notado la presencia de cara de payaso numero uno.
Levantó los ojos para ver el globo rojo.
-¡Puta madre! -Bajó la cabeza de nuevo y empezó a sollozar.
Después de unos segundos volvió a ver a cara de payaso número uno, como si hubiera sabido todo el tiempo que estaba ahí. Se acercó a él y se sentaron juntos en la acera, y observaron al globo rojo al otro lado de la calle.

-¡Qué payasada! -dijo, como pensando en voz alta, cara de payaso numero dos.
Igual de ausente, cara de payaso número uno asintió con la cabeza. Los dos seguían viendo al globo rojo.
-No tiene nada que ver con nada... -siguió hablando payaso numero dos.
-Me vale, de por si no somos los únicos payasos en esta vara...
-¿Y eso? -Preguntó cara de payaso numero dos mirando al encendedor rojo con que jugaba cara de payaso numero uno.
-No se... estaba aquí tirado...
-¡Seas cochino! ¡Quién sabe por donde ha pasado!

Payaso numero uno y payaso número dos se miraron a los ojos y se rieron a carcajadas. Se levantaron, cruzaron la calle, bajaron el globo rojo y salieron caminando.
-No entendí ni verga...
-Yo tampoco...
Y se alejaron los dos, muertos de risa.


El encendedor quedó solo en la acera.

Sunday, April 27, 2008

El tren

Natalia amaba despertar, especialmente los días cuando no era obligación, sino un regalo de la naturaleza. Despertar era extraño después de una noche extraña. Al abrir los ojos ella se preguntaba sobre la veracidad de lo que había pasado, que tanto era sueño y que tanto realidad.

Pero no todo es tan poético... casi todas las cosas tienen una razón de ser. Natalia creía eso, a pesar de que a veces las cosas requerían mucho trabajo mental para poder saber el por que sucedían.

Este día en particular, ella había amanecido con una sensación muy extraña. Con ganas de llorar, con ganas de seguir durmiendo, de borrar lo pasado, empezar de nuevo, no saber nada, vivir lejos, romper vidrios, comer piedras, mojar paredes... Lo que hizo fue levantarse, ir al baño, hacer sus necesidades, lavarse la cara, e ir a tomar un vaso de jugo de frutas.

Su vida era un juego de “scrabble” con palabras incoherentes. Que fácil es ganar así... sin tener un diccionario en donde comprobar lo correcto. Ella caminaba a diario sobre las líneas del tren, con un rumbo seguro, rítmico y estable; pero a veces pasaba el tren que desviaba su rutina.

Algunos tienen su vida escrita en un papel. Otros distribuyen su vida en un plano. Estos dibujan un esquema. Aquellos crean una telenovela... Ella escribía un libro, pero solo con dos capítulos. El primer capitulo era muy largo, con escenas oscuras, cosas incoherentes, pocos personajes. Ella pensaba que ese capitulo había desaparecido... Había gastado toda una cajita de fósforos para quemarlo, pero... ¿qué sabio dijo un día: la materia no se destruye, solo se transforma? Claro, ¡qué sabio!

Ahora confundo... ¿Se llama tren, o se llama primer capitulo?

¿Quien lea esto se merece un resumen del tren... digo... del primer capitulo? Las hojas quemadas ahora están sin escribir, pero escribirse pueden. Las letras las poseo yo.

Resumen
Primer capitulo

Natalia nace en el año 1986. Es la quinta hija, familia numerosa. Y eso que faltan tres más por venir. Natalia tuvo una gran infancia, era normal que sus compañeros de kinder tuvieran que regalarle galletas porque ella no traía merienda. También era normal que su mama diera clases en estado de embarazo porque su padre no quería trabajar.

¡Quién diría! ¡Su casa era una mansión! (alabado sea el que inventó las herencias). Aquel que haya comido guisantes sabe de que tamaño son; pues así era su autoestima: fea, tonta, inútil... que ironía, cuando ella más tarde descubriría que ni fea, ni tonta, ni inútil...

Aprendió a saltar, correr y liderar. Tenía cierto carisma entre los niños de la escuela, unos tantos la admiraban, otros tantos la celaban. Nunca tuvo dificultad en resolver ejercicios matemáticos (solo una vez se le olvidó el 5x5), era ágil con grapas y mapas, colores y tambores.

Al entrar a segundo grado, su brillante padre y sumisa madre deciden sacarla de la escuela, junto con el resto de sus hermanos, para educarla en casa. El centello de popularidad fue sustituido por horas de soledad. No existieron explicaciones ni razones, obediencia era la regla.

Ahí entre los cuartos que desembocaban del largo corredor y los árboles que rodeaban a éstos, aprendió a cocinar, taladrar, actuar, dibujar, coser, lavar, restregar, martillar, podar, pintar, leer... soñar.

Soñar.

A esto se dedicaría ella por muchos años. Soñaba que algún día tendría novio, quien le daría besos y una rosa por mes. Soñaba que sería hermosa, esbelta, y que esos rollitos espantosos que tenía en la cintura se convertirían algún día en músculo duro y bronceado.

Soñaba con despertar y no escuchar ronquidos.
Soñaba con despertar y no escuchar gritos.
Soñaba con despertar y no escuchar peleas.
Soñaba con despertar y sentirse libre.
Soñaba con despertar y querer levantarse.
Soñaba con hablar.
Soñaba con poder abrazar a alguien.
Soñaba con tener amigos nuevamente.
Con ir al cine.
Con expresarse.
Con viajar.
Con tener llaves y poder usarlas.
Responder.
Defenderse.
Gritar.
Reír.
Acariciar.
Entregarse.
Seducir.
Besar.
Amar.
CREER.

Todo eso se quedó en sueños, con unas cuantas excepciones.

Unos meses después de cumplir los once años, se tomó la decisión de hacer un paseo familiar. Tres de sus hermanos conocerían el mar, y ella, junto con dos hermanas y su madre, irían a la montaña por una semana. Su padre se quedaría en casa, nada extraño.

Espero nunca olvidar lo que se siente ser un niño exaltado por la felicidad. Ella sentía eso, una emoción que acelera el corazón y da mareos... Todo salió a la perfección. Bus de ida, llegaron, mañana hermosa, vista increíble.
Pronto sonó el teléfono... Crisis.

A su único hermano se lo llevó el mar. Estaba muerto.

La familia se había reducido a ocho. Hace unos años otro niño había muerto antes de nacer.

En ese momento eran seis mujeres, su madre, y aquél. No faltó momento en que éste le echara todas las culpas a su madre por lo que había sucedido.

Al año siguiente uno de sus sueños se volvió realidad. Regresaría al colegio. Tímida, inadaptada, insegura, alienada. Pero algo era algo. Tras un largo proceso, volvió a sentirse segura de sí, conseguiría un par de amigas, una conexión con el mundo pero también un ejemplo de lo que ella no era.

Descubrió de nuevo su personalidad, y floreció su rebeldía. Bebió por primera vez, también besó... fumó, se masturbó, robó, se escapó un par de veces, descubrió la adolescencia.

También descubrió el odio. Lo odiaba.

Unos meses después de cumplir los diecisiete años, su padre fue internado en el hospital psiquiátrico. Diagnosticado con esquizofrenia paranoica. Estuvo ahí quince días, suficiente para que una de sus hermanas se pudiera casar en paz. Siguieron varios meses de terapia familiar. Natalia entró a ese hospital varias veces con una montaña sobre sus hombros, y salió con una cordillera.

Creció el odio. Inhumano... especialmente por un enfermo mental. No le importaba. Ella tampoco quería ser enferma.

Su padre regresó a casa con mil promesas... tomaría las medicinas, no mas abusos, también invertiría su tiempo... Nada.
Se tomó la decisión, por la salud mental de todas, que se irían de ahí. Así sucedió.

Un día de julio empacaron maletas y se fueron.

FIN

He ahí el resumen. Y aquí empieza el segundo capítulo, todavía en proceso de escribirse.

Natalia se desarrolló, cumplió sus sueños uno por uno... Tuvo su primer novio, apuesto y detallista. Ella era feliz, recibiendo mil piropos, cariños y mucha atención. Suficientes como para rechazarlos, eso era lo que más le gustaba.

Ella todavía odiaba a los hombres, todavía los odia. Pero los necesita, y necesita dejar de odiar.

(Aqui debo hacer un paréntesis porque falta información que todavía se está procesando)

Todo va bien en su vida... es feliz. Se expresa, se defiende, va al cine... Pero todavía trata de no odiar. También cree que el primer capítulo fue destruido.

Hasta que algo le recuerda que no.

Como este día en particular, que el tren desvió su rutina.

Wednesday, March 26, 2008

El Carajo

– ¡Hijo de la gran puta! ¡Me cago en la perra que lo parió! ¡Imbécil! –Santiago cruzó la calle y tragó duro toda la saliva que había en su boca.
Iba camino al colegio, tarde como siempre. Era alto para su edad, adolescente en pleno desarrollo. Temprano esa mañana había entrado de puntillas al baño de su madre para usar la rasuradora herrumbrada que había en la gaveta; ella insistía en que todavía no era necesario, pero él era hombre ya.
Pasó la verdulería, y el verdulero le mostró entre los labios estirados sus dos dientes negros, la verdulera le guiñó el ojo visco. Él respondió el habitual saludo levantando rápidamente la mandíbula mientras hacía un puchero con la boca. En el semáforo la vendedora de periódicos le lanzó un
– ¿Mijo como maneció?
Volvió a asentir con la cabeza, mientras sus ojos se clavaban en el vientre flácido y estriado de la vieja.
– ¿Por qué será que usa la ropa tan chiquita? –Pensaba él.
–Qué chiquillo más galán es ese, lástima… Si no fuera… Bueno deporsi mi Gisela ya tiene novio… -Pensaba la vieja vendedora de periódicos.
Él iba medio amargado, por poco lo habían atropellado por estar viendo los zapatos guindados en los alambres eléctricos de la calle esa. –Malparido el imbécil que desperdicia así los zapatos –pensaba.
Tras de eso su mamá ni le había calentado el café. Solo había encontrado un pedazo de pan añejo en la canasta pegajosa que guardaban en el horno.
–El negocio va mal –había gruñido desde la cama su mamá.
–Las chiquitas ahora son muy bonitas –agregó amargamente. Él solo agarró las llaves y salió.
Ahora pasaba la panadería. Jugó el juego de todos los días retándose a si mismo ni a oler ni a ver. Cerró fuertemente los ojos y pensó en ratas negras salpicadas de cloaca. Le retorció el intestino delgado pero no supo discernir que si de hambre o del bien logrado asco autoinducido. Siguió caminando para arriba y ya podía escuchar el desorden y los gritos provenientes de las 13 aulas adherentes a la acera.
– ¡Ruido asqueroso! –eran los pensamientos oscuros de Santiago esa mañana. –Asco… tanto asco a mi alrededor. ¿Seré yo el asqueroso? –murmuraba para sí.


En la entrada al colegio, Marielos, la conserje gorda con mostacho teñido, le echó un vistazo de desaprobación pero sacó el puño de llaves y después de varios segundos buscando la tal llave le abrió el portón.
–Entre ya, pero rapidito que hoy toqué tarde porque se me fue el rato cagando –Y soltó esa disgustante carcajada, donde toda la grasa de su papada se movía como las olas cuando hay marea alta.
– A lo mejor llega antes de que pasen lista... –él solo le levantó las cejas y pensó para sí que los gordos deben cagar mucho más que uno, que casi ni come.
-¡Jueputa chiquillo!, ¡qué amargao…! –Le disparó Marielos con una mirada asquerosamente coqueta.
–Puta su abuela –dijo bajo su aliento Santiago mientras caminaba al aula.

‘Guapo’ decía Florentina, ‘flacucho’ opinaba Anita, ‘acomplejado’ comentaba la otra. Deporsi ellas nunca juzgaban igual cuando hablaban de hombres. Santiago era querido en el colegio, pero ‘popular’ nunca aparecía en la lista de adjetivos. En eso entró y ellas disimuladamente contaron con que champú se habían lavado el pelo.
–Yo me eché gel hoy, chicas, para ver si me hago colochos- contaba entre risas Anita.
–Ay yo ya nunca me echo gel, porque prefiero planchármelo, ¡así es más a la moda! –seguían de necias.
–Dichosa usté q tiene plancha…
Él ignoraba esas faldas cortas. Evitaba que sus ojos divagaran a los muslos bronceados y las blusas semitransparentes.
– ¿Será que ahora son más bonitas? –se preguntaba mientras se sentaba en la última fila al centro y atrás. De por si eso le valía ahora. Pues si, ahora todo era más fácil.
– ¿Mucho ruido anoche mae? –Ya empezaban, los estúpidos. Santiago tenía amigos, pero todos se pasaban de vez en cuando, y de broma en broma se le calentaba la frente.
– ¡Ah! ¡Ah!- gemía remedando uno de ellos. Santiago solo giró la cabeza y esta vez decidió aceptar la presencia de las falditas verdes.
Examinó la curva en las caderas, el perfecto arco de la espalda, la piel suave y fresca, tersa. Él sabía como se movía, la había visto bailar.
–Por el baile se discierne mucho de una mujer –había pensado alguna vez.
Sus amigos se lo habían confirmado; no de ella, sino del baile. Ellos también la estaban viendo, era casi imposible no verla, hasta para sus amigas.
–Que guapa Florentina, ¿cierto Santi? -Él solo mantuvo la mirada, algo abstracto, algo melancólico.
–Lastima que es tan puta…

Los ojos empezaron a enrojecerse, la cara también. Sus músculos se tensaron y su respiración se volvió fuerte y agresiva. Clavó su mirada en la de Andrés, y éste, consciente del error que había cometido, bajó la suya. Esos comentarios no se hacían frente a Santiago, todos lo sabían. Andrés era un tonto.
Entró la profesora, sonriente como todos los días. Santiago sabía que era humanamente imposible amanecer todos y cada día con una sonrisa en la cara, y especialmente mantenerla durante horas. Había pasado horas sentado en su pupitre observándola; sus gestos, movimientos, su tono de voz, su cuerpo. La conocía desde el quinto grado de la escuela, cómo no iba a saber lo que pasaba. Ella tenía problemas. No tan fáciles de solucionar como los ejercicios matemáticos que escribía en el pizarrón, sino más allá de lo que puede dibujar una tiza.
Santiago había visto cómo se miraba al espejo cuando se lavaba las manos, observándola a través de la puerta entreabierta del baño de mujeres. También veía como se revisaba el pelo y el maquillaje cada vez que se subía o se bajaba de un automóvil. Varias veces la había percibido caminando por el pueblo, repetidamente revisándose la figura en su reflexión sobre los ventanales de las tiendas. También la había visto comer yogurt en las mañanas, y como, después de chupar la cuchara, pasaba varios minutos estudiando la reflexión invertida de su cara.

Él no se quejaba de la sonrisa, eso si le gustaba. Lo que le molestaba era la hipocresía. Él sabía que ella sonreía solo porque era su mejor pose… ella había estudiado su propio rostro por horas, incluso había perfeccionado esa bella sonrisa a través de los años.
Sus pensamientos fueron interrumpidos por un
– ¡Buenos días! – agudo y en cierta forma infantil.
El orden se estableció en la clase y todos se acomodaron en filas.
–Sergio Artavia?
–Presente.
–Andrea Carrazco?
–Presente.
Sintió una mirada posada sobre él e instintivamente volvió a ver, buscando al curioso. Sus ojos se bloquearon en los de ella. Él retraído, ella coqueta. Siempre lo miraba así, bueno… a todos.
–Lástima que es tan puta –retumbó en su cerebro.
–Lástima que es tan puta –chilló su cerebro.
–Lástima es tan puta… –torturó su cerebro.
La mirada seguía fija en los ojos, pero él podía ver como ella suavemente se acariciaba el pelo, luego deslizaba los dedos por el cuello y jugueteaba con el dije que colgaba de su garganta. Levantó la mano y entre risas se mordió el dedo; él, frió e inmóvil, solo la observaba sin decir nada.
– ¿Eduardo Fonseca?
–Presente.
– ¿Alejandro Guerrero? –silencio.
– ¿Alejandro?
–No vino –interpuso alguien.
Así continuó, y después de acabar con el último nombre, empezó la revisión de tareas. Con el pasar de las horas, se intensificaba el alboroto al acercarse la hora del recreo.
Florentina era una chica lista. Nunca faltaba con sus tareas y siempre se mantenía entre los mejores promedios del grado. Santiago, en cambio, a pesar de ser sumamente inteligente, era irresponsable con sus entregas, tenía poca participación en clases y siempre llegaba tarde; la salvación al llegar el final de trimestre era siempre una excelente calificación en conducta y sus brillantes ensayos… cosa que era de extrema conveniencia a la hora de realizar un examen de desarrollo.
Por vueltas de la vida, Florentina había decidido que su cuerpo era la única forma de lograr lo que quería, cuando ella lo deseaba. Su inteligencia se limitaba a resolver ejercicios de álgebra lineal y recordar la fecha de la caída de Napoleón. Sabía el número de cationes y aniones de cada uno de los elementos en la tabla periódica y recitaba las Rimas como si fueran el padre nuestro. Camino al colegio cruzaba la calle solo cuando el semáforo estaba en verde, botaba los envases plásticos en las cajas de reciclaje y nunca comía chicle.
Santiago salió de su delirio, no porque quisiese, si no porque la chica de adelante había tocado suavemente su hombro para entregarle un papel diminuto doblado a la mitad.
–Te lo manda Flore –dijo, y con un guiño se volteó y siguió con sus apuntes.
Era un papel perfectamente cortado, y al abrirlo descubrió una nota escrita con letra grande y fluida. La nota decía así:

“Te vi un punto, y flotando ante mis ojos
la imagen de tus ojos se quedó,
como la mancha oscura, orlada en fuego,
que flota y ciega si se mira al sol.”

“Adondequiera que la vista fijo
torno a ver tus pupilas llamear;
mas no te encuentro a ti, que es tu mirada:
unos ojos, los tuyos nada más.”

– ¡Ja!, ¡un poema! –pensó.
Semejante cursilería no se lo pasaba ni por el culo.
–Nada más por ser Bécquer no lo rompo en pedazos… -y agarró la nota fuertemente entre los dedos y con ella hizo una bolita diminuta, para luego tirarla dentro de su bulto.
Florentina se levantó de su lugar y salio apresurada de la clase. Los hombres chiflaron al verla salir, ya que, apenas cruzó la puerta, pasó una ráfaga de viento que le levantó la falda, dejando a plena vista sus hermosos glúteos. Santiago sintió que había actuado de forma justa; odiaba los poemas de amor, y Florentina, a pesar de ser hermosa, no le llamaba la atención en ese sentido particular.
Ninguna mujer le llamaba la atención en ese sentido particular. Así de sencillo. Tampoco deseaba comprar las revistas tan altamente cotizadas entre los hombres del grado, y prefería salir a correr antes de tocar su propio cuerpo en momentos de ansiedad sexual. Se sentía bien así. La suciedad a su alrededor así solo le llegaba hasta la piel, y no lograba traspasarle los poros.
Pasaron quince o veinte minutos y Florentina no había regresado, y como apenas iba a comenzar la prueba oral de aritmética, la profesora mandó a que la buscasen. Todos los muchachos se levantaron a prisa, menos uno. Estaban ansiosos por ser los elegidos para ser el paño de lágrimas de tan deliciosa carnita.
Vanidosa como era la profe, sus mejillas no tardaron en volverse un profundo carmesí, y víctima de su propio orgullo decidió enviar al menos dispuesto para la tarea.
–Santiago, vaya usted, ya que desde temprano ni atención le ha puesto a la clase.
–Profe… es que no sabría donde buscarla… –en eso todos los hombres y una que otra mujer soltaron una carcajada.
– ¡No se haga, mae!
Santiago sintió que no cabía una gota más de sangre en los capilares de su cara. Se levantó cabizbajo y salió, arrastrando los pies.
Claro que sabía donde buscarla. Le decían “El jardín de Florentina”. Ahí no pocos de ellos habían gozado el mejor de sus recreos, entregándose plenamente a los placeres carnales impartidos por ella.
Poco estaba enterada de que el hueco de la alcantarilla servía de miradero, y que por ahí se alimentaba la enciclopedia de fantasías de la mitad de sus compañeros de clase. Él lo sabía, y evitaba acercarse a esa esquina oscura detrás de los vestidores aún cuando estaba consciente de que ella se encontraba en otro lado.
Entre más se acercaba al lugar, más ganas tenía de salir corriendo. Él sabía que ella lo estaría esperando, no era solo un presentimiento. Ella estaba muy segura de sus poderes seductores. Lo peor de todo es que él no se estaba haciendo el difícil. Simplemente no quería.
Pensó una y otra vez en dar la media vuelta y decirle a la profesora que no la había encontrado. Pero él era hombre.
–Los hombres como yo no son cobardes –se regañaba a si mismo.
Escuchaba el eco de sus pasos y sentía la humedad en las paredes infestadas de hongos. Hasta el aire era más espeso en el “jardín”. Dobló en la esquina y divisó las piernas esbeltas arrinconadas contra la pared. La llamó con la mano, pero ella hizo caso omiso a las señales, más bien bajó la cabeza y cerró los ojos.
–Vea Flore, la profe la anda buscando porque ya ahorita tenemos quiz…
–Santi… solo venga un ratito, que quiero decirle algo.
–Ya me imagino.
–No es lo que usted cree.
– ¿Entonces?
–Quiero pedirle perdón.
–Esta bien, perdonada.
–No, es que usted no me está entendiendo…
–A ver, cuénteme…– Santiago se acercó y relajó un poco los músculos tensos de su cara. Se sentaron juntos en la acera.
–A mi me da vergüenza con usted, Santi.
– ¿Por qué así?
–Porque usted es muy bueno.
– ¿Y por qué lo dice?
–Ay, Santi…
–Vea Florentina, mejor hábleme claro porque me está confundiendo…
–Yo se que yo a usted no le gusto, pero yo quiero… quiero… por lo menos una vez… no hay nadie que yo tenga más ganas de… siempre… –Santiago se levantó bruscamente y empezó a caminar hacia la salida.
– ¡Santiago! ¡No! ¡Escúcheme por un momento! ¿O es que tan cobarde es? –…Un insulto de esa índole no era aceptable para él.
–Yo no estoy acá para que usted me ande toqueteando, Florentina. –Dijo bruscamente.
– ¡Escúcheme Santiago! –gritó casi entre lágrimas. –A mi me da pena con usted porque yo se lo que soy… y yo se que a usted no le gusta eso…
Santiago se volteó y la miró fijamente,
–Yo quiero ser como usted, que… no le hace falta tocar la piel de otro para sentir que uno es alguien. Yo quiero poder caminar sin pensar en los ojos que me están mirando… quiero…
Él quería huir. Sentía que era una pesadilla, y que por equivocación había ido a parar en una de las telenovelas que veía su mamá las noches cuando no tenía trabajo. ¿Qué estaba haciendo él en el jardín con esta detestable criatura?
–Bueno, váyase. –interpuso ella. Él dio unos cuantos pasos, pero de repente se detuvo, volteó, y la encaró.
–Yo se lo que le digo… Vea, usted es bonita, no necesita que la toquen para saberlo. Piense un poquito más, no sea tonta. Deje de ser tan… tan…
– ¿Puta? –preguntó, bajando la mirada.

Santiago salió corriendo. Corrió sin detenerse. Forzó el portón y se alejó sin voltear a ver la cara desconcertada que dejó tras de si. Corrió tanto que los músculos de sus piernas temblaban y su respiración flanqueaba. Los ojos le ardían y tenía la boca seca.
No paró hasta llegar al muelle. Ahí se detuvo y gritó… cualquiera hubiera pensado que en esos momentos se quemaba en los fuegos del infierno. Gritó y lloró. Era un llanto seco, sin lágrimas, un llanto de hombre. Se arrancó los zapatos y corrió hacia el mar. Peleó contra las olas y se adentró, lejos de la orilla.
Nadó largo rato, y cuando su cuerpo no daba más, se volvió sobre su espalda y miró al cielo. Su cuerpo se movía en armonía con el mar, y los ojos le devolvían al mar su sal. Se quedó ahí sollozando hasta que el mar retornó a la tierra con lo que no le pertenecía.
Con el cuerpo tendido sobre la arena y las extremidades flácidas del cansancio, Santiago se arrastró hacia un lugar más seco. Las lágrimas ya se habían secado, ahora solo sentía que la ropa empapada le llegaba con el frío hasta el alma.
Ya estaba atardeciendo cuando Santiago lentamente abrió los ojos, rojos e irritados. Su mente estaba en nulo. Sentía que tenía tantas cosas que pensar que no se podía concentrar en ninguna; igual que cuando uno despierta de una pesadilla pero el cuerpo no resiste la necesidad de volver a dormir.
Había sollozado pensando en si mismo, en su mierda de vida.
–Qué fácil es hundirse en la autocompasión –pensó- pensando en mí podría llorar por horas aún sin tener justificación lógica.
Sin embargo, ese no era el caso ahora. Justificación le sobraba, quién no tiene justificación cuando se es un hijo de puta.
Inhaló mucho aire, hasta el fondo, y se levantó.
– ¿Cómo ocultar lo inocultable? ¿Cómo dejar de ser lo que se es? –esto, y otras cosas pasaban por su mente mientras atravesaba la arena para llegar a la calle.
–Sé lo que soy, todos lo saben… -continuó caminando, derecho, pero sin alzar la mirada. –… pero nadie entiende… soy yo y mi inalterable destino… solo yo…
A lo lejos divisaba la misma calle que había cruzado esa mañana, la verdulería, la panadería… todos disponiéndose para cerrar el negocio al final del día. Ahí estaban todavía los zapatos en el cable, aquellos culpables de que haya empezado así su día.
–Ojalá me hubiera atropellado ese patán… Tonto yo por no fijarme, pero más tonto él por no haberme matado. De por si yo solo soy un imbécil hijo de puta que no sabe cruzar calles…
Decidió tomar un camino distinto, no quiso volver a ver esas caras simpatizantes de nuevo, por lo menos durante ese día. Estaba harto de la lástima, de la hipocresía y del chisme; y él con las fachas que traía, estaba seguro que causaría no poco revuelo por lo menos durante el mes siguiente.
–Soy producto del tabú, diferente a ellos pero de la misma carne y de los mismos huesos… Un tabú que realmente no lo es, porque… todos… alguna vez… por lo menos una… ¡Malditos!
¡Cuántas veces había pensado en eso! El pan que comía, era… producto de las verduras, de los zapatos, de la pesca, del trabajo del cajero, del dentista, periodista, artista… ¿De cuál de ellos habrá sido producto él?
Deseo carnal, peor que el animal. Por lo menos para un animal la vida no es un error… no como había sido él.


Había llegado al portón de su casa. Una figura oscura se alejaba, ya cruzando la esquina. Otra deambulaba por el patio. Abrió la puerta y entró.
– ¡Hola ma! –silencio… ella nunca respondía a estas horas, pero él sabía que sí lo había escuchado.
Pasó por la cocina y abrió la refri. Nada, de por si no tenía hambre... Mañana si habría pan fresco.

Saturday, March 15, 2008

Ellos.

Cierro los ojos y pienso en llenar el negro de mis pensamientos con colores y formas.


A veces pienso en negro. ¿No te pasa?
Me preguntan qué pienso. –Nada- respondo. –Tienes que estar pensando en algo- insisten. Considero decir la verdad. No me creerán.
Ellos son tan raros.


Ellos.
Lo que quiero, lo que deseo y lo que me mortifica. Profundos. Creativos. Sensibles. Héroes. Caprichosos. Insaciables.
Mis objetos de placer, mi juego. Víctimas de mi telaraña.


Yo.
Amante del poder, la pasión y lo racional. Fría. Seductora. Compasiva. Actriz. Manipuladora. Patrañera.
Deseosa de ellos, de ser deseada. Víctima de mi misma.


Discuto en mi dialecto. No me entienden. Fingen comprender.
Quiero un revólver sin municiones. Quiero amenazar. No exterminar.
Ellos no quieren ni pistolas ni balas. Quieren matar. Sin más reflexión.


Queremos amenazar, matar, o lo que sea. Cualquiera diría ‘compatibles’.


Quieren.
Ser propietarios de mi materia. De mi inmaterialidad también. Mis oídos. Mis labios. Mi vientre.
Comprensión. Cariño. Apoyo. Apego.


Quiero.
Venganza. Amor.

Wednesday, March 12, 2008

Autorretrato

Sentada en la esquina de un parque me veo pasar al otro lado de la calle. Me veo caminando, ni muy rápido ni muy lento. Puede que vaya tarde, porque constantemente veo mi reloj, pero mi paso es constante.
Bajo la mirada solo para no tropezarme, miro las caras de la gente a mi alrededor.
Desde la esquina veo que me detengo y saludo a alguien, ¿no iba tarde? Al parecer eso es lo de menos, porque me demoro conversando varios minutos. Quien quiera que sea, quiere confiarme algo, lo escucho, lo aconsejo, y sigo mi camino.
Nunca habia visto que mi expresión era tan pedante. Yo, que tengo un estado de humor tan inquebrantable. Concluyo que mi cara no siempre demuestra lo que pasa por mi mente, solo mi mirada.
Para qué hablar de miradas, pienso, porque por lo general es el menor detalle en una persona.
¡Qué ticos más enanos! ¡Qué morenos! Otra vez, eso es lo de menos, el menor detalle de una persona.
¿Cuál es el mayor detalle?

...Me levanto de la esquina y corro trás de mí.

Sunday, March 9, 2008

Tuesday, March 4, 2008

‘Retrato de Yolanda Oreamuno’

Acuarela de Margarita Bertheau

Contorno azul y verde... atmósfera fría, a pesar de que su falda naranja debería darme una sensación de calidez.
Talvez es su rostro alargado y pálido lo que elimina el color de la escena, quizá es la incertidumbre de su expresión.
Su postura rígida de alguna forma contradice el relajamiento de sus brazos, y su pierna cruzada insinúa comodidad por el ambiente... o... presión social, exigencia de un comportamiento digno de una dama.
Sus labios pintados no le agregan vitalidad, al contrario, resaltan su palidez... No está posando, está pensando.
Es inteligente; pero mujer.

Friday, February 22, 2008

Cuento

-Ya me voy -dije-. El solo acomodó la cobija debajo de su cuello y ni me volvio a ver.
-Hey... me tengo que ir... -repetí-. Ese día había llovido. El me invitó a su casa para almorzar, éramos buenos amigos. Ese día había llovido y me había mojado, mis jeans estaban pesados por el agua.
El me había prestado unos boxers y una camiseta, y yo me los había puesto delante suyo. El me los quitó. Yo le di el permiso.
-Bueno, adiós -suspiré-. Abrí la puerta y salí.
El tenía manos grandes y ágiles... siempre me habían gustado sus manos. Nunca había pensado en besarlo, pero en ese momento quería provocarlo, enloquecerlo... Quería ver esa mirada de desesperación en sus ojos.
Bajé las gradas lentamente, todavía podía escuchar su respiración.
El me había tocado, yo lo había besado. El sudaba, yo gemía... Todo había pasado tan rápido.
Seguí alejándome, me tenía que ir. Todo había acabado, el placer se fue con el viento. Había charcos la calle.
-¡Yo sí te quiero! -gritó tras de mí.

Wednesday, January 16, 2008

Tomar leche cortada

Los medios de comunicación, especialmente la televisión, siempre me hacen pensar de modo pesimista. Quiero especular que me dicen la verdad y que la televisión es una maravillosa ventana al mundo, pero luego, pienso en mi vida, y la vida de los que me rodean y me cuestiono sobre lo que haríamos sin dinero.

Si la vida de la mayor parte de la gente que conozco gira alrededor de lo que pueden hacer con lo que tienen, y si no tienen hacen todo lo posible por tener, no puedo creer que para los medios sea diferente.

Todos queremos vivir, y para vivir debemos vender. Algunos venden el producto de sus manos, otros el producto de sus lenguas, su imaginación, su conocimiento o su inversión; ellos, en cambio, venden otro tipo de producto, nos venden a nosotros mismos.

Cuando voy caminando por la calle, los imagino a todos como un gran collage. Al igual que nuestro físico, nuestra integridad esta hecha de pedacitos de otros. Que la nariz de mamá, que los ojos de papá, las pecas de la abuela… Nosotros somos una obra única, producto del todo, pero también somos creadores de ese todo, porque trabajamos para que existan las condiciones que hacen posible una sociedad.

Los medios tratan de representar el todo, pero la información que emiten lo han recibido de nuestras propias manos, y es como si nos devolviesen la imagen de nuestras propias acciones después de pasarla por un barrial (lo que en ese caso serían sus propios intereses económicos, su percepción y sus opiniones personales).

Dejando el pesimismo a un lado por un momento, quiero pensar que sería si esa información fuera en realidad totalmente cierta. Osea, que el trozo de realidad que tratan de reproducir salga clonada, después de pasar por las manos del intérprete, a través de nuestro televisor. Ese pequeño espacio entre el televisor y nuestro sillón se vuelve un abismo. Primero, el mensaje choca contra nuestra concepción de cómo es el mundo, luego contra nuestros prejuicios sociales, y por último contra nuestra cultura. Entonces el mensaje o producto final que traspasa nuestros poros termina siendo una interpretación personal de la información que expulsó el aparato.

No logré escaparme del pesimismo. Pero sí puedo ahondar más en él. Imaginemos ahora la fusión de mis dos postulados. Trozos de realidad fotocopiados a baja calidad y vendidos a sus mismos creadores, luego vistos por unos ojos subjetivos capaces únicamente de asimilar esa realidad conforme se adapte a su propia situación.

El resultado final: una leche cortada. Pero, ¿qué sucede cuando me doy cuenta que, a pesar de saber que estoy consumiendo leche cortada, igual no quiero dejar de beberla? Mis sentidos se atraen a ella, me seduce, sé que no es saludable, pero prefiero la leche cortada a morirme de sed. Que dilema. He llegado a un callejón sin salida.

La solución que más comúnmente nos darán a nosotros los intoxicados, es que sepamos discernir entre la leche más cortada y la menos cortada, tomar mucha agua después de consumirla y hacer ejercicio. ¿Como interpreto eso? Ver televisión de forma crítica, comparar y analizar desde diferentes fuentes, tener un trasfondo cultural trabajado a conciencia y construir opiniones alejadas del sentimiento.

Simplemente estar atentos y no olvidar que la leche un día era fresca y pensar en eso mientras la tomamos, sin conformarnos ni acostumbrarnos al sabor amargo.