Llega cara de payaso número uno (de la nada), encuentra un encendedor rojo en el caño, lo rejunta y se sienta.
Cara de payaso número uno estaba sentado viendo un globo rojo revolotear al otro lado de la calle. Entre las manos tenía un pequeño encendedor rojo, que prendía y apagaba rítmicamente. Aguevado, pensaba en las razones de por qué las fiestas siempre terminaban antes de tiempo.
-No entiendo por qué todo acaba tan rápido... justo cuando empiezo a disfrutar. -Balbuceaba cara de payaso.
Se miraba los pies y luego volvía la mirada al globo. Movía la cabeza una y otra vez, negando y relegando.
-A veces no entiendo los chistes... ni si quiera los míos... -comentaba para sí mientras observaba curioso un grupo de nenas al otro lado de la calle. Ellas reprimían fuertes carcajadas mientras compartían guiños coquetos y le lanzaban a él pequeñas sonrisas.
Bajó la cabeza y miró de nuevo al encendedor, él seguía jugando rítmicamente. Levantó la mirada y volvió a ver el globo.
-¡Que payaso que soy! ¡Puta mierda! -Gritó enojado cara de payaso.
Bajó la cabeza y empezó a sollozar. Las nenas, asustadas por el extraño comportamiento de cara de payaso número uno, se alejaron disimuladamente. Cara de payaso quedó solo, con los pies en el caño.
Entre lágrimas, y con los labios temblorosos, volvió a ver el globo rojo. Asombrado, se percató de que al otro lado de la calle había llegado a sentarse cara de payaso numero dos.
Cara de payaso numero dos estaba sentado con la cabeza baja. Todavía no había notado la presencia de cara de payaso numero uno.
Levantó los ojos para ver el globo rojo.
-¡Puta madre! -Bajó la cabeza de nuevo y empezó a sollozar.
Después de unos segundos volvió a ver a cara de payaso número uno, como si hubiera sabido todo el tiempo que estaba ahí. Se acercó a él y se sentaron juntos en la acera, y observaron al globo rojo al otro lado de la calle.
-¡Qué payasada! -dijo, como pensando en voz alta, cara de payaso numero dos.
Igual de ausente, cara de payaso número uno asintió con la cabeza. Los dos seguían viendo al globo rojo.
-No tiene nada que ver con nada... -siguió hablando payaso numero dos.
-Me vale, de por si no somos los únicos payasos en esta vara...
-¿Y eso? -Preguntó cara de payaso numero dos mirando al encendedor rojo con que jugaba cara de payaso numero uno.
-No se... estaba aquí tirado...
-¡Seas cochino! ¡Quién sabe por donde ha pasado!
Payaso numero uno y payaso número dos se miraron a los ojos y se rieron a carcajadas. Se levantaron, cruzaron la calle, bajaron el globo rojo y salieron caminando.
-No entendí ni verga...
-Yo tampoco...
Y se alejaron los dos, muertos de risa.
El encendedor quedó solo en la acera.
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