Sunday, April 27, 2008

El tren

Natalia amaba despertar, especialmente los días cuando no era obligación, sino un regalo de la naturaleza. Despertar era extraño después de una noche extraña. Al abrir los ojos ella se preguntaba sobre la veracidad de lo que había pasado, que tanto era sueño y que tanto realidad.

Pero no todo es tan poético... casi todas las cosas tienen una razón de ser. Natalia creía eso, a pesar de que a veces las cosas requerían mucho trabajo mental para poder saber el por que sucedían.

Este día en particular, ella había amanecido con una sensación muy extraña. Con ganas de llorar, con ganas de seguir durmiendo, de borrar lo pasado, empezar de nuevo, no saber nada, vivir lejos, romper vidrios, comer piedras, mojar paredes... Lo que hizo fue levantarse, ir al baño, hacer sus necesidades, lavarse la cara, e ir a tomar un vaso de jugo de frutas.

Su vida era un juego de “scrabble” con palabras incoherentes. Que fácil es ganar así... sin tener un diccionario en donde comprobar lo correcto. Ella caminaba a diario sobre las líneas del tren, con un rumbo seguro, rítmico y estable; pero a veces pasaba el tren que desviaba su rutina.

Algunos tienen su vida escrita en un papel. Otros distribuyen su vida en un plano. Estos dibujan un esquema. Aquellos crean una telenovela... Ella escribía un libro, pero solo con dos capítulos. El primer capitulo era muy largo, con escenas oscuras, cosas incoherentes, pocos personajes. Ella pensaba que ese capitulo había desaparecido... Había gastado toda una cajita de fósforos para quemarlo, pero... ¿qué sabio dijo un día: la materia no se destruye, solo se transforma? Claro, ¡qué sabio!

Ahora confundo... ¿Se llama tren, o se llama primer capitulo?

¿Quien lea esto se merece un resumen del tren... digo... del primer capitulo? Las hojas quemadas ahora están sin escribir, pero escribirse pueden. Las letras las poseo yo.

Resumen
Primer capitulo

Natalia nace en el año 1986. Es la quinta hija, familia numerosa. Y eso que faltan tres más por venir. Natalia tuvo una gran infancia, era normal que sus compañeros de kinder tuvieran que regalarle galletas porque ella no traía merienda. También era normal que su mama diera clases en estado de embarazo porque su padre no quería trabajar.

¡Quién diría! ¡Su casa era una mansión! (alabado sea el que inventó las herencias). Aquel que haya comido guisantes sabe de que tamaño son; pues así era su autoestima: fea, tonta, inútil... que ironía, cuando ella más tarde descubriría que ni fea, ni tonta, ni inútil...

Aprendió a saltar, correr y liderar. Tenía cierto carisma entre los niños de la escuela, unos tantos la admiraban, otros tantos la celaban. Nunca tuvo dificultad en resolver ejercicios matemáticos (solo una vez se le olvidó el 5x5), era ágil con grapas y mapas, colores y tambores.

Al entrar a segundo grado, su brillante padre y sumisa madre deciden sacarla de la escuela, junto con el resto de sus hermanos, para educarla en casa. El centello de popularidad fue sustituido por horas de soledad. No existieron explicaciones ni razones, obediencia era la regla.

Ahí entre los cuartos que desembocaban del largo corredor y los árboles que rodeaban a éstos, aprendió a cocinar, taladrar, actuar, dibujar, coser, lavar, restregar, martillar, podar, pintar, leer... soñar.

Soñar.

A esto se dedicaría ella por muchos años. Soñaba que algún día tendría novio, quien le daría besos y una rosa por mes. Soñaba que sería hermosa, esbelta, y que esos rollitos espantosos que tenía en la cintura se convertirían algún día en músculo duro y bronceado.

Soñaba con despertar y no escuchar ronquidos.
Soñaba con despertar y no escuchar gritos.
Soñaba con despertar y no escuchar peleas.
Soñaba con despertar y sentirse libre.
Soñaba con despertar y querer levantarse.
Soñaba con hablar.
Soñaba con poder abrazar a alguien.
Soñaba con tener amigos nuevamente.
Con ir al cine.
Con expresarse.
Con viajar.
Con tener llaves y poder usarlas.
Responder.
Defenderse.
Gritar.
Reír.
Acariciar.
Entregarse.
Seducir.
Besar.
Amar.
CREER.

Todo eso se quedó en sueños, con unas cuantas excepciones.

Unos meses después de cumplir los once años, se tomó la decisión de hacer un paseo familiar. Tres de sus hermanos conocerían el mar, y ella, junto con dos hermanas y su madre, irían a la montaña por una semana. Su padre se quedaría en casa, nada extraño.

Espero nunca olvidar lo que se siente ser un niño exaltado por la felicidad. Ella sentía eso, una emoción que acelera el corazón y da mareos... Todo salió a la perfección. Bus de ida, llegaron, mañana hermosa, vista increíble.
Pronto sonó el teléfono... Crisis.

A su único hermano se lo llevó el mar. Estaba muerto.

La familia se había reducido a ocho. Hace unos años otro niño había muerto antes de nacer.

En ese momento eran seis mujeres, su madre, y aquél. No faltó momento en que éste le echara todas las culpas a su madre por lo que había sucedido.

Al año siguiente uno de sus sueños se volvió realidad. Regresaría al colegio. Tímida, inadaptada, insegura, alienada. Pero algo era algo. Tras un largo proceso, volvió a sentirse segura de sí, conseguiría un par de amigas, una conexión con el mundo pero también un ejemplo de lo que ella no era.

Descubrió de nuevo su personalidad, y floreció su rebeldía. Bebió por primera vez, también besó... fumó, se masturbó, robó, se escapó un par de veces, descubrió la adolescencia.

También descubrió el odio. Lo odiaba.

Unos meses después de cumplir los diecisiete años, su padre fue internado en el hospital psiquiátrico. Diagnosticado con esquizofrenia paranoica. Estuvo ahí quince días, suficiente para que una de sus hermanas se pudiera casar en paz. Siguieron varios meses de terapia familiar. Natalia entró a ese hospital varias veces con una montaña sobre sus hombros, y salió con una cordillera.

Creció el odio. Inhumano... especialmente por un enfermo mental. No le importaba. Ella tampoco quería ser enferma.

Su padre regresó a casa con mil promesas... tomaría las medicinas, no mas abusos, también invertiría su tiempo... Nada.
Se tomó la decisión, por la salud mental de todas, que se irían de ahí. Así sucedió.

Un día de julio empacaron maletas y se fueron.

FIN

He ahí el resumen. Y aquí empieza el segundo capítulo, todavía en proceso de escribirse.

Natalia se desarrolló, cumplió sus sueños uno por uno... Tuvo su primer novio, apuesto y detallista. Ella era feliz, recibiendo mil piropos, cariños y mucha atención. Suficientes como para rechazarlos, eso era lo que más le gustaba.

Ella todavía odiaba a los hombres, todavía los odia. Pero los necesita, y necesita dejar de odiar.

(Aqui debo hacer un paréntesis porque falta información que todavía se está procesando)

Todo va bien en su vida... es feliz. Se expresa, se defiende, va al cine... Pero todavía trata de no odiar. También cree que el primer capítulo fue destruido.

Hasta que algo le recuerda que no.

Como este día en particular, que el tren desvió su rutina.

5 comments:

Gustavo said...

Que bien que aun vaya al cine

Gustavo said...

no sabes cuantas ganas tengo de que salga el segundo :)

Gustavo said...

wow... no puedo creer q hayas borrado aquello...

... no se que pensar
duele

Gustavo said...

jaja aparentemente daniel y yo perdimos lugar en el libro de los bnos recuerdos, aunque en el comment anterior obvio q no m referia a él...

Gustavo said...
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